Un fin de semana de estos que no se olvidan. Rodeada de pequeños corazones, ayudándoles a crear y a la vez ellos ayudándome a mi tambien. Ellos aprenderán de mi pero yo aprendo muchísimo de ellos. La imaginación de un niño no tiene fin.
Hemos decorado un portaretrato, más bonitos imposibles.
¡A por el próximo taller!






















